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Sebastian Bach – Julio Iglesias

Hoy toca pensar. Si tuviésemos  que salvar la obra de un músico – admita por un momento con fines didácticos la estrechez de tener que salvar sólo un autor representativo de la humanidad – ¿Tendrían la misma posibilidad Julio Iglesias que Juan S. Bach? Una parte mayoritaria de mis alumnos-as de secundaria piensan que no es posible establecer uno o varios criterios para aclarar la supremacía de una música o estilo sobre otra. Algunos piensan que la música contemporánea es mejor por el hecho de que lo nuevo resume la historia, otros  piensan que simplemente hay que «echarlos a los dados»,  otros consideran que la obra del genio de Leipzig sin saber exactamente porqué o guiados por la ceguera que proporciona por la autoridad de los textos académicos.

Para que no queden dudas personalmente optaría por salvar la obra de Bach frente a casi cualquier otro músico, e incluso casi al conjunto de ellos, excepto el caso de la música de Mozart y Beethoven. Entre Bach y los dos últimos músicos simplemente optaría por un sistema al azar y sea cual sea el resultado lloraría después por las opciones desechadas. En cualquier caso,  mi elección de autores sería equivalente con otras triadas K. Jarret, J. Brahms o D. Scarlatti, es decir, una manifestación subjetiva de mis códigos musicales. De poco sirve apelar a la «complejidad de la obra», a la «destreza técnica requerida» o al «significado profundo y universal» que transmite. Para mis alumnos no hay ningún criterio decisivo autoevidente. En broma les sugiero que son ignorantes y lean aunque cuando me subo al coche pienso cómo evitar una falacia de esta magnitud. Medito cómo desarrollar un argumento racional que permita decidir qué música es internamente suprema, atemporalmente mejor. No basta con proponer una amalgama de características seleccionadas racionalmente y luego decir cuáles son  estilos o músicos que los cumplen en mayor proporción que otros y,  por tanto, cuál sería merecedor de ser rescatado para la humanidad. Si quieres una idea de «por dónde van los tiros» la respuesta posible es una intersección entre la Teoría de la información y la aproximación de las neurociencias. ¿Para responder algo tan obvio necesitas pertrecharte de  instrumentos tan extraños? Si.

Analicemos por un momento el argumento de la complejidad. Alguien podría pensar que la música compleja es mejor que la simple. Si el lenguaje lo es todo entonces un lenguaje complejo es mejor que un lenguaje rudimentario porque se puede acometer la creación con más riqueza. Falso. La sencillez no es simpleza y cualquier sistema musical produce obras geniales. Mozart o Bach tiene obras sencillas que repelen la complejidad. Huye de (a) soluciones armónicas distantes o muy próximas, (b) densidad de los temas o del número de las voces, (c) polifonía y poliritmia, (d) diversidad modal, o (e) destreza interpretativa y técnica extrema como sinónimos de «buena música». Lo sencillo puede devenir de un código creador muy complejo o de otro minimista. Da igual, por ahora comprender la sencillez es un misterio. Sólo tenemos acceso racional a lo simple.

Permítame desarrollar una analogía. La estructura genética de una bacteria le permite sobrevivir la extinción catastrófica de la vida compleja por completo. No hay «diseños inteligentes» preferibles en sí mismos en la evolución natural. Todos y cada uno de los  logros evolutivos son proyectos de éxito que deben ser etiquetados como equivalente entre sí en el acontecer natural. Si vemos a la especie humana como el ser vivo que ocupa el trono de la evolución es por convencionalismo antropomórfico, porque es una especia musical, filosófica, mitológica y científica –  técnica a la vez. Pensamos que es «bueno» y «diferente» a las demás especies al tiempo que despreciamos los otros logros evolutivos de las especies. Ser complicado no supone ser «mejor» ni en la música ni en las ciencias de la vida.

Este debate gira sobre los que es buena y mala música y generalmente transcurre sin aclarar mucho o nada lo que significa «buena o mala música». Se imagina tener que decidir a los dados si salvamos  «La Pasíon según Mateo» de Bach, o «Por el amor de una mujer» de Julio Iglesias, o «Come as You Are» de Nirvana. No se trata de que presuntamente sea uno mejor o peor que otro condicionado por el número de personas que lo piensen. Lo que se pretende es desarrollar un argumento inequívoco para decidir guiados lógica de la información que se encuentra en el interior de cada obra. el problema es que la perspectiva posmoderna también ha llegado a la música: lo que hace a una música genial es su tiempo histórico, en este tiempo lo más importantes son los códigos subjetivos de los escuchantes, y no podemos decidir  entre códigos porque estos son relativos y subjetivos entre sí. Tengo un problema para  neutralizarlo racionalmente.

Para muchos el culto que rendimos a Bach es expresión de un convencionalismo asumido sobre el valor de las música dentro tiempo histórico respecto del presente, es decir, es resultado de pensar que «todo tiempo pasado fue mejor», un punto de vista «carca» respaldados por acuerdos tan arbitrario como sus contrarios :»lo actual es mejor». En su términos más dramáticos lo anterior equivale a asumir sin más que jamás podemos decidir entre lo «mejor o peor» en la historia de la música. Le invito a sostener lo contrario, o al menos a ponderar esta afirmación, frente a una horda de treinta y cinco mentes críticas que creen que Beethoven es una raza canina.

En definitiva, harto de que mis alumnos equiparen a Julio Iglesias o Adele con Bach o Scarlatti, de que eleven a la categoría de ley universal  la idea de (a) que la música es opinión en su esencia, impresión personal o subjetividad y de (b) que no hay argumento decisivo para seleccionar entre las opiniones, en los siguientes post aclaré por qué tal planteamiento es inexacto desde un enfoque objetivo de la información. Lejos de confirmar la historia estos estudios permitirán acercar a los buenos músicos sin importar sus estilos.

Hombre Orquesta

OneManBandVals

1 de mayo. «Hombre o Mujer Orquesta» define una tendencia a concentrar el trabajo especializado en el menor número de personas posibles,  en su grado extremo y cada vez más frecuente, en una forma de actividad comercial «perpetrada de principio a fin» por una sóla persona. Un trabajador asume el mayor número de tareas posible que pueda desempeñar sin negligencia. La empresa modelo de productora musical es un trabajador autónomo con experiencia en la época dorada de las producciones musicales de 1980 hasta 2010. La finalidad es obvia. No se trata de explotación. Concentra el beneficio posible en un número pequeño de supervivientes. Si lo quieres ver de otra forma se trata de una forma es autoexplotación o condena autoimpuesta. Esta nuevo modelo de actividad impone fuertes restricciones. En muchos caso la mejora en equipos se asemeja al gasto privado. Si quieres una mesa cojonuda de mezclas tendrás que dejar de viajar una buena temporada. Dos micrófonos neumann 87i extras y tu matrimonio peligra. Beneficio, salario e impuestos tienden a cero en el balance final. ¿Ahorro? ¡No me hagas reir… !  La inversión se dirige hacia la financiación a largo plazo o a la adquisición de equipos de segunda mano. A veces también existen prácticas dirigidas al intercambio o incluso a  formas de colaboración solidaria entre «hombres y mujeres orquestas». Creemos que las empresas están formadas por autónomos que arrastran con los eternos problemas derivados de la falta de ampliación de capital. Por supuesto, si tienes una gran empresa tu visión será otra. Hay también empresas importantes que son una colección de «hombre y mujeres orquestas» que comparten el espacio y los gastos. La casuística es amplia y creativa.

El «hombre o mujer orquesta» es una mezcla curiosa de factores. Es en ocasiones es  trabajador a cargo de terceros, incluso trabajador «autónomo para terceros» en la peor de la fórmulas imaginable. En algún momento de su larga jornada laboral para terceros será trabajador del negocio musical  para sí mismo. En algunos casos la fórmula laboral ni siquiera se beneficia del entorno legal empresarial y simplemente el «hombre o mujer orquesta» se inscribe en la hacienda pública como particular para hacer declaraciones paralelas de actividad económicas en condiciones tributarias muy severas, sin derechos ni protección social. Otros sobreviven con al estructura empresarial de un tercero con el que llega a acuerdos privados en una forma de fraude ligero. El montante económico del fraude es tan ínfimo que toda la actividad marginal de los «hombres y mujeres orquestas» no igualaría al 0,01% del fraude empresarial de verdad. En pocos casos son supervivientes ilegales abonados a la economía oculta, la menos mala de la actividad sumergida en búsqueda de un complemento para la supervivencia como individuo con dignidad. Todas las categorías de hombres y mujeres orquestas compiten entre ellas y considera a la que tiene inmediatamente debajo suyo como un competidor ilegal, un «espalda mojada» del negocio. En todas las categorías hay algo de razón, mientras los rendimientos económicos por hora dedicada a la técnica del sonido están en caída libre.

Límites. Algunos «hombres y mujeres orquestas» se presentan imprudentemente como ingenieros o técnicos superiores / medios de audio sin serlo realmente. El intrusismo es un problema serio también. No obstante, pertenece al mercado, a la competencia, elegir entre expertos e ingenieros en función de su oferta real. En este punto sólo comentar que la realidad dura del «hombre o mujer orquesta» no puede instalarse en la mentira. Declarar que tienes 250000 euros en hardware para tus grabaciones y máster cuando realmente operan en el mejor de los casos son software legal en una plataforma Universal Audio con dos núcleos, o con entorno ilegales de plugins en el peor de los casos es delito. Tampoco se puede asumir un negocio sin una estructura de servicios regulada en los que los beneficios se declaren de alguna forma y los clientes estén protegidos por leyes, como por ejemplo reclamar si el «hombre o mujer orquesta» no ha sabido hacer su trabajo o en el peor de los casos si es directamente una actividad fraudulenta  como he tenido de comprobar algunas empresas de mastering online.

Las habilidades sobrehumanas del «hombre o mujer orquesta».  Este último es capaz de asumir las tareas propias un héroe homérico, próximo a  la categoría mitológica de los semidioses.

Mezclar, editar, masterizar, cargar y colocar pértigas, soportes y trípodes, colocar micrófonos –muy compleja y denostada actividad -, diseñar planes de grabación, pianista o guitarrista de sesión, innovador de todo, barrer y fregar los suelos, aspirar la puñetera moqueta de la que acabarás siendo alérgico o dependiente, limpiar con esmero cada elemento utilizado, soldar cables, reparar componentes electrónicos básicos, montar aparatos «hazlo tu mismo«, diseño y mejora del acondicionamiento acústico, construcción de artilugios fuera del estudio de grabación, mantener el filtro del aceite de la «furgona», pasar la ITV, sacar 20 euros de la cartera de tu hija para la gasolina sin que se note, miembro descerebrado de seguridad privada de tus equipos en el exterior e interior, barman coctelero y escanciador de vinos, gestor del marketing, diseñador gráfico, unidad de investigación y desarrollo, administrador, psicoterapeuta de tí mismo y psiquiatra de los demás, especialista en mindfulness, tener la observancia por las normas de un presbitero calvinista con la destrucción anarquista de las mismas,  gestor del talento y de redes sociales, controlador mental, medium telequinésico, afinador, arreglista por sorpresa, productor, productor adjunto, productor delegado, no productor, servico técnico blackandDecker en casa, el desdeñado y resentido inconformista «tocapelotas» tan necesario en la empresa moderna, eterno aspirante a tarjeta black, iluminista en sentido amplio y literal, y por último el poder más interesante y representativo: todo «hombre o mujer orquesta» tiene que tener la capacidad para realizar milagros, suspender las leyes físicas sin esfuerzo cuando se le requiera y de forma rápida. «¡ Por favor, haz que esto suene bien !» De todas las acciones ésta última es la más importante, y el criterio que realmente separa a la empresa tradicional de las nuevas formas de empresa, la de los supervivientes: la búsqueda del permanente milagro, romper la inexorable cadena de causas y efectos. En el caso que no entiendas este último punto ni se te ocurra meterte en este tinglado. Existe realmente y nadie puede ni tiene derecho a dudar de ello.

Por supuesto el costo de las «superpoderes marvel» del experto, técnico o ingeniero de audio así definido es muy alto.  Su incompleta especialización para casi todo ocasiona problemas en la calidad del resultado final de trabajo. Otro costo real pero indirecto es que la imposibilidad de no aportar un trabajo digno a terceros debilita el tejido social. No es la mejor organización racional y coincide más con el oportunismo. A veces puede ser injusta y desleal con otras empresas. Debería ubicarse más como transito de empresas inmaduras a maduras. El problema de las empresas o semi-empresas ( o lo que diablos sea ) que descansan en la pericia y esfuerzo del «hombre o mujer orquesta» es que puede ser descrito como la resultante de factores fomentados por el propio sistema socio-económico. (a) Cada trabajador desempleado o mal empleado es un superviviente. La intersección entre el anterior punto y (b) los bajos costos de hardware de producción musical, (c) la difusión y formación online, (d) la creciente desregulación del empleo, (d)  las demandas del sector orientado a la baja calidad y pagar la menor factura posible, y (e) la milagrosa demanda local en aumento (una forma descentralización en la grabación), (f)  y el entorno de escucha por internet en todas sus formas,  son todos factores propiciadores de la «empresa voluntarista.»