Música: Planes

Durante años he expuestos mi visión de las relaciones entre la música, el cerebro y la historia. He dejado de escribir en los últimos meses por dificultades puntuales y no por ello he dejado de leer y reflexionar sobre el tema. Durante unos meses me he centrado silenciosamente en un tema: ¿cómo medir la cantidad promedio de información musical en nuestra tiempo en músicos creadores, en interpretes y en escuchantes? ¿Cuánta música cabe en un cabeza? Este asunto a su vez se relaciona con otra dimensión consubstancial con. la cuestión de qué formato neurobiológico – cognoscitivo correlaciona con la actividad de un cerebro musical. La tercera cuestión consiste en definir un modelo sobre la creatividad musical, un caso concreto de la competencia diferencial que los humanos despliegan en su relación estrecha con un sonido organizado en una mente a partir de un contexto social concreto.

¿Puede establecer un criterio certero, independiente de la subjetividad pura, que permita decidir si la música de J.S. Bach es preferidle intrínsecamente a la de Julio Iglesias o por contra tenemos que admitir imposibilidad de decisión entre estilos distintos mediados por el tiempo histórico? ¿Qué factores universales podría. ser señaladas y medibles, y en que cantidad de certeza aportaría a a la cuestión de comparar productos distanciados intergeneracionalmente? ¿Qué dimensiones hacen a la música un proceso que aporta belleza, de manera precisar aquellos que no dependan del contexto concreto? También es válido el problema contrario ¿qué aporta la cultura y el momento social bien acotados históricamente a la creación musical? Estas cuestiones hunden sus raíces en la existencia misma de estilos musicales y sus transiciones. Hablamos, y escribimos por tanto, sobre cómo se genera la música, el núcleo de funciones que comparten escuchantes, intérpretes, creadores.